La historiadora Nieve Vázquez ha aportado a la discusión sobre el estado actual del Archivo General con un breve artículo en su blog. Señala Vázquez que:
La memoria de Puerto Rico se pierde, se esfuma, se la comen los hongos, la asfixia el calor. El Archivo General de Puerto Rico se está derrumbando en nuestras propias narices y no parece importarle a muchos.

La principal memoria histórica del país vive en un edificio lindo por fuera y podrido por dentro. Ochenta mil pies cúbicos de documentos (nuestros documentos), se encuentran domiciliados en la avenida Ponce de León #500. Allí a la vista de todos, y majestuosos frente al parque Luis Muñoz Rivera, agonizan mapas y planos que pueden datar del siglo XVIII; ochocientos periódicos y revistas de fines del XIX; más de dos mil videocintas; alrededor de ciento cincuenta mil fotografías y negativos; fondos documentales de toda la administración colonial española y más, mucho más. Allí, incluso, usted podría encontrar el dato que busca para evidenciar su ciudadanía, su título de propiedad o hallar el rastro indeleble de sus ancestros. . .



Hace más de veinte años, que se escucha la voz de los archiveros, historiadores e investigadores pidiendo a alguien que haga algo. Pero no pasa nada. El Archivo lo cierran, lo abren, lo “remodelan”, lo fumigan, lo cierran, le compran aires acondicionados nuevos, lo abren, se rompen los aires acondicionados nuevos, lo cierran… lo cierran sin decir por qué ni hasta cuándo. Eso sí, informan que hasta “nuevo aviso.” En eso son gentiles. . . .



Como pedir no funciona. Como no se puede esperar más. Como está en juego las entrañas del país, propongo al Presidente de la Asociación Puertorriqueña de Historiadores se encarame cuanto antes en la primera grúa que tenga a su alcance y no se baje de ahí hasta que un legislador suba y prometa por su madre que atenderá el asunto. O, de lo contrario, que los archiveros, historiadores, investigadores, y profesores creemos el Fideicomiso Pro Justicia y Dignidad Histórica y lloremos, lloremos mucho frente a las cámaras de televisión para que generosamente lleguen fondos al agonizante Archivo General. Y si esto no rinde frutos, siempre quedará la opción de llamar a Ojeda. ¡Eso sí que funciona!


Mientras tanto elevemos una oración para que finalmente “alguien” se percate de que el edificio no es práctico para albergar un archivo como Dios manda; que no importa cuánto se gasten hoy, tarde o temprano, los hongos volverán y los equipos se romperán. Ese “alguien” además, deberá notar algo ligeramente evidente: el Instituto de Cultura Puertorriqueña no puede administrar correctamente el Archivo General. El grito de autonomía, esta vez, va para el Archivo General de Puerto Rico. Al menos, “hasta nuevo aviso.”