Nuestro imaginario popular contiene toda una larga serie de estereotipos de diversos grupos que componen la sociedad. Para cada grupo hay "características" asignadas. Lugares, imágenes, vocabularios asociados con ellos. Pueden ser "gente de caserío", los dominicanos, los gays, los "niuyoricans". Estas categorías nos ayudan a asignar culpas, jerarquizar, descifrar quienes son los buenos y quienes los malos. Utilizamos estos estereotipos sin siquiera pensar en su impacto -- en nosotros y en los demás.
 
Un grupo que sin duda cae entre los estereotipados en Puerto Rico son los chinos. Hablar de los chinos en nuestra Isla es hablar de arroz frito, egg rolls, gente muy trabajadora pero casi sin perfil como grupo. Sin embargo es un grupo que ha tenido un impacto en la sociedad aunque sus miembros sean prácticamente invisibles al momento de hablar de la composición actual de la población puertorriqueña.
 
En su libro Los chinos en Puerto Rico, el autor, José Lee-Borges, ha hecho precisamente lo que se supone que haga un buen historiador: explicar, constatar, analizar y contextualizar. Luego de leer este texto, los rostros de la comunidad china en Puerto Rico comienzan a cobrar forma y sentido.
 
La historia de China y de los chinos es extensísima. Miles de años. Y el historiador comienza su obra creándonos un cuadro amplio del desarrollo de esta civilización. Describe a grandes rasgos sus principales épocas históricas, sus prácticas culturales y su entrada al complejo mundo de relaciones internacionales en los siglos 18 y 19.
 
Ya acercándose a nuestra region, analiza las incipientes relaciones chino-estadounidenses y con otros países y regiones del hemisferio. Tanto el descubrimiento de oro en California en los 1840 como el declive de la trata Africana influyeron grandemente en este proceso y provocaron la llegada de miles de trabajadores "escriturados" chinos tanto a Estados Unidos como al Caribe.
 
Aunque los chinos que llegaron a nuestra zona se clasificaron como "escriturados", o contratados por un número específico de años, en realidad su existencia en el Caribe se puede describir con toda justicia como una esclavitud. En gran medida, su lugar en las sociedades caribeñas del siglo XIX era inferior al de los africanos y sus descendientes. Trabajaban largas horas bajo condiciones infrahumanas. En raras ocasiones lograron ocupar algún puesto de capataz. Su propia cultura y su aspecto físico inspiraron desconfianza entre hacendados y poderosos. Esta situación inspiró una diversidad de respuestas de los chinos (más de 125,000 en el siglo XIX) que llegaron a Cuba. Ataques a los encargados y hacendados, rebeliones, y hasta el suicidio aparecen una y otra vez en los archivos que documentan la presencia de estos trabajadores en Cuba. Lee-Borges documentan muchos de estos dramáticos casos para crear un cuadro amplio de la vida de los chinos en el Caribe. Como parte de la pena impuesta a trabajadores chinos convictos de actos ilegales, muchos fueron enviados a Puerto Rico por términos de hasta diez o doce años. En Puerto Rico, fueron asignados a labores tales como la construcción de la carretera central o el faro de la isla Culebrita. De este modo, en gran parte la llegada de los chinos a Puerto Rico responde a un sistema laboral internacional basado en la sobreexplotación de esta población. El autor documenta ampliamente cómo los chinos que llegaron a nuestra Isla, una vez liberados de las condenas impuestas, se integraron a una sociedad que siempre sospechaba de ellos.

En las conclusions que aparecen al final del texto, el autor hace unos señalamientos importantes. Entre ellos apunta:
Otra aportación de este trabajo se dirige hacia la definición de la ya compleja identidad puertorriqueña, particularmente de finales del siglo XIX.  ...Hasta ahora, la aportación de la raza china no ha sido reconocida, más bien se ha mantenido menospreciada y limitada, rebajada a la invisibilidad. Por lo mismo, su ausencia, ya hoy ineludible, ha restringido la noción de puertorriqueñidad a la mezcla racial entre indígenas, españoles y africanos.

La solidez y la amplitud del trabajo de Lee-Borges plantean un serio reto a todos aquellos que estudian los procesos culturales e históricos del país. Continuamos trabajando nuestros conceptos identitarios sobre la base de la "santa trinidad" -- africanos, taínos y españoles, ignorando la presencia significativa de otras poblaciones que sin duda han aportado y aportan a la dinámica cultural del país. (Viene a la mente también el caso de los llamados "árabes", en su mayoría palestinos y libaneses, que también han establecido una presencia importante en la economía del país.) La calidad de este trabajo ayuda a superar estereotipos y nos invita a asumir las complejidades de unas historias nuestras marcadas por la violencia, el discrimen y la marginación. Este es un texto imprescindible.

El jueves, 3 de marzo, se llevará a cabo a las 11:30 a.m. una presentación del libro Los chinos en Puerto Rico en la Sala de la Comunidad de la Biblioteca Piñero de la UNE.